domingo 6 de diciembre de 2009

EL OFICIO DE SERVIR


No existe un trabajo, en este mundo, que no beneficie a los demás; por simple que pueda parecer, cualquier actividad laboral, aporta beneficios a la comunidad en la que convivimos.
Tenemos muy claro que hay trabajos de servicio como: cuerpos de seguridad del estado, bomberos, sanitarios; sin embargo, no lo tenemos tan claro con la mayoría de actividades laborales. ¿Creen ustedes que: una manipuladora, un peón de albañilería, una dependienta, nos sirven con su esfuerzo laboral?
Soy partidario, de valorar y agradecer, la aportación de cada persona, en las diversas categorías profesionales y de todos los sectores de actividad. Quizás valorando el trabajo de los demás podemos generar un espíritu de servicio, que a través del entusiasmo que transmite a quién lo siente, optimizamos el rendimiento de la empresa.
Saberse útil e importante, en el trabajo que uno está realizando, hace sentirnos realizados y desarrollados profesionalmente. La profesionalidad está totalmente relacionada con el espíritu de servicio. Tenemos, lamentablemente, muchos ejemplos de profesionales que no realizan correctamente sus funciones laborales por la carencia del sentido del trabajo.
Desde la prehistoria hasta nuestros días, como seres sociales que somos, hemos creado muchos oficios, que con sus productos y servicios, nos han ayudado a mejorar nuestra calidad de vida. No hace mucho tiempo, en nuestro país existían oficios como: el lañaor, el guiñapero, el espartero, el azafranero, el afilaor; que ofrecían, sobre todo en el ámbito rural, un servicio que hacía la vida más cómoda.
Si hay algo que une a todas las profesiones, de todas las épocas, y de todas las regiones, es el sentido del trabajo: mejorar la calidad de vida de las personas, en la sociedad que nos ha tocado vivir. El oficio por excelencia, es el oficio de servir a los demás. No piensen ustedes que me olvido de la feroz competitividad en la que nos movemos, ni en el espíritu competitivo que genera una cultura de empresa de beneficios a corto plazo.
Nos dicen los expertos en estrategia empresarial, que tenemos que crear una cultura empresarial basada en el compromiso de los trabajadores con la misión de la empresa, automotivados, partícipes activos en la mejora de la organización del trabajo. Y yo me pregunto: ¿Quién sirve al servidor? A todos nos gusta que nos mimen, que nos atiendan bien, que valoren nuestro trabajo. Necesitamos recibir el aprecio y el reconocimiento de los demás. Por ello, debemos reflexionar con más asiduidad, si estamos sirviendo, en el ámbito laboral que nos compete, como a nosotros nos gustaría que nos sirvieran.



domingo 22 de noviembre de 2009

SENTIDO COMÚN



Tras la excelente y práctica exposición que había ofrecido el ponente, y ante la pregunta -¿qué os parece?- Surge la espontaneidad sincera de un alumno contestando -“todo lo expuesto por usted es de sentido común”-. Claro -contesta el ponente-, el sentido común es
lo que nos falta.
Intento, a través de la reflexión, obtener el mayor rendimiento posible de cualquier charla o conferencia a la que asisto. Son muchas las ocasiones en las que la intervención de un espontáneo nos hace pensar, indagar en nuestros pensamientos inamovibles, profundizar en nuestras estructuras mentales estáticas.
La respuesta del ponente fue tan acertada como la pregunta del alumno. Aplicar el sentido común a nuestros actos, a los proyectos que creamos y desarrollamos; trabajar con la lógica y el sentido, que la situación requiere.
¿Existe algún método o técnica, para incrementar la motivación de todos los miembros de una empresa, y que produzca mejores resultados, de una manera sostenible en el tiempo? Que preguntar con sinceridad, interés, y deseo de ayudar ¿qué necesitas?, ¿cómo puedo ayudarte? No sólo debe preguntar el directivo a su subordinado, también el subordinado debe interesarse y preocuparse de sus colaboradores cercanos.
Nos complicamos la vida, como se suele decir, buscando grandes y sofisticadas técnicas y herramientas para mejorar y resolver determinadas circunstancias y situaciones. Todos sabemos que cuando hay demanda de un determinado producto o servicio, es un buen momento, lógicamente para ofrecerlo; y también sabemos que abunda mucho EXPERTO EN HUMO.
¡Que bien huele! Nos decimos –unos a otros-, ¡qué agradable olor! Olemos y rápidamente vemos imágenes bonitas, que nos ilusionan mucho; el vendedor de humo, es un gran experto en ofrecernos rosas, aunque sólo sirvan para colocarlas, por SENTIDO COMÚN, en un bonito jarrón en cualquier lugar del centro de trabajo.
¿Quién va a negar la belleza, el profundo y agradable olor de una rosa? Lo que sí debemos preguntarnos es: ¿Para qué he comprado tantos aromatizadores artificiales? Si lo que necesitamos es mejorar la motivación en la empresa, no es de sentido común, ofrecer cursos y charlas de triunfadores de salón. Sólo con abrir la boca y expresar de manera coherente el reconocimiento a su labor profesional y ponerse a su disposición para lo que necesite en el desempeño de sus funciones laborales; mejoramos la comunicación de nuestra empresa, la motivación de todos y sobre todo generamos el entusiasmo y el compromiso que una simple rosa nos aporta.


sábado 31 de octubre de 2009

LIDERANDO EL COMPROMISO


DONDE MANDA MARINERO, MANDA PATRÓN

No pretendo contradecir el refranero, pero sí quiero profundizar en la esencia de mandar, en destacar a quien de verdad manda. Mandar, como bien sabemos, mandamos todos, en distintos momentos, en distintas circunstancias; somos propensos a ordenar, dirigir, exigir...
¿Puede un simple marinero, mandar en alguien o en algo? Podemos asegurar que sí. Un marinero puede y debe mandar sobre sí mismo; sobre sus responsabilidades, sus valores y compromisos laborales. Luego si cada marinero manda sobre sus actos en el ámbito de sus funciones profesionales ¿ En quién manda el patrón? La respuesta es muy sencilla, el patrón manda en sí mismo.

Una vez, ha conseguido conocerse y aprender el verdadero sentido y esencia del “ordeno y mando”, puede el patrón navegar en alta mar, con la confianza y la seguridad de contar con una tripulación comprometida con el objetivo de la empresa.

Cualquier observación, sugerencia, asesoramiento, por parte de uno de los marineros que componen el equipo, es tan importante, que más de un naufragio han evitado. ¿Escucha el patrón, la opinión de un simple marinero?, ¿Puede navegar en solitario el patrón, con dos ojos, dos oídos y un cerebro limitado? No vamos a discutir que el timón lo dirige el patrón, pero en alta mar, cuando aparece la marejada, surgen muchos problemas que pueden suponer, en la soledad del patrón, que el barco navegue a la deriva.

Si en un barco, cada miembro de la tripulación, manda en su parcela de responsabilidades, con la libertad de poder comunicar al patrón cualquier sugerencia, proponer cambios para mejorar el buen desempeño de su trabajo, tengan ustedes la certeza de que en esa embarcación hay un buen patrón que manda de verdad.

Un estilo de liderazgo basado en la integridad, la coherencia, los valores democráticos, garantiza el éxito de un equipo de trabajo comprometido con los objetivos de la empresa.
El rendimiento del patrón será mayor cuanto más implicados estén los marineros en la buena navegación del barco en el que todos mandan. No pretendamos mejorar el rendimiento organizacional, si no mejoramos el rendimiento individual de cada miembro de la tripulación.

Conversaba un día con el patrón de la embarcación pesquera Mar de Alborán, sobre qué estilo de dirección utilizaba, y no dudó un ápice en asegurar que él delegaba en cada miembro de la tripulación, confiando totalmente en el buen hacer de cada uno de ellos, sabiendo que en los momentos de dificultad, el equipo es el que responde. José Salmerón me dijo “no hay embarcación grande para la mar”, y yo digo “no hay empresa grande en el mar”. Lo que sí existe, son grandes equipos de trabajo que garantizan dar el cien por cien en los momentos de marejada.









viernes 25 de septiembre de 2009

LA RAZÓN Y EL CORAZÓN


Los equipos de trabajo, para ser más eficientes, eficaces, productivos y competitivos, necesitan estar dirigidos inteligentemente.

Un equipo competitivo está liderado por un profesional inteligente, que dirige las acciones de los miembros del equipo pensando y sintiendo.

Tenemos muy claro, y asimilado, que la inteligencia cognitiva, asociada únicamente a la razón, bajo cuyas órdenes está la lógica, la reflexión, y la acumulación de datos, es necesaria para llevar a cabo un proyecto con un equipo de personas. Lo que no tenemos tan claro es que las emociones (las nuestras y las de los demás) bien gestionadas, puedan ayudar a un directivo a ser más productivo, más rentable en su gestión organizacional.

A la capacidad para conocer y controlar las emociones (propias y ajenas), se la denomina INTELIGENCIA EMOCIONAL.

La gestión adecuada de las emociones, potenciando las positivas: alegría, esperanza, amor, compasión, y disminuyendo las negativas: ira, miedo, tristeza, culpa; es requisito sine qua non para garantizar el éxito de una dirección excelente.

Vivimos inmersos en el cambio continuo, en la incertidumbre, donde las emociones están ocupando el protagonismo que lógicamente les corresponde.

Para dirigir con inteligencia emocional debemos profundizar y conocer cuales son las competencias de este tipo de inteligencia:

1.- El conocimiento de las propias emociones (Autoconsciencia).
- El conocimiento de unos mismo, nuestros defectos y cualidades.
- La capacidad de reconocer un sentimiento en el mismo momento que aparece.
- La capacidad de autoevaluarse uno mismo de forma objetiva y realista.

2.- La capacidad para controlar las emociones (Autocontrol).
- El autocontrol emocional es el dominio que ejerce la persona sobre sus reacciones y la
expresión de sus emociones.

3.- La capacidad de motivarse uno mismo (Automotivación).
- El control de la vida emocional y su subordinación a una meta, puede ser esencial para mantener la motivación.


4.- El reconocimiento de las emociones ajenas.
- La empatía, es sentir lo que está sintiendo el otro para comprender mejor sus sentimientos.

5.- El control de las relaciones (Habilidades sociales).
- Utilización adecuada de la comunicación.
- Relacionarse adecuadamente con las emociones ajenas.

Continuando con la profundización y el conocimiento de la inteligencia emocional debemos conocer cuáles son sus habilidades básicas:

1.- Organización de grupos. Coordinar y movilizar los esfuerzos de un grupo de personas.
2.- Negociar soluciones. Prevenir conflictos y solucionar los existentes.
3.- Conexiones personales. Asentada en la empatía, básica para el trabajo en equipo.
4.- Análisis social. Intuir los sentimientos, los motivos, y los intereses de las personas.

Usted puede preguntarse: ¿Para qué sirve la inteligencia emocional? ¿Qué rendimiento puedo obtener de este tipo de inteligencia? Entre los beneficios debemos mencionar:
A) La confianza en uno mismo, y la capacidad de alentar el desarrollo de los demás.
B) La capacidad para liderar equipos
C) La adaptabilidad
D) La motivación de logro
Todos estos beneficios podemos resumirlos diciendo que la gestión de las emociones nos ayuda a ser más eficientes, y a desarrollarnos profesionalmente.

En el mundo de la empresa es muy importante optimizar los recursos: materiales y humanos. Para optimizar estos recursos, no solo hay que prestar atención al balance y a los activos tangibles. Los activos intangibles: las expectativas, los valores, las soluciones, los sentimientos; marcan la diferencia de una empresa normal a una empresa excelente.

Los responsables de valorar y potenciar los activos (tangibles e intangibles): Directores, gerentes, jefes de distintas áreas, tienen que liderar a sus equipos con un estilo de LIDERAZGO EMOCIONAL para optimizar el rendimiento del capital humano.

El líder emocional:
1.- Crea futuro: apuesta por las ideas que se transforman en hechos.
2.- Aprovecha el tiempo: lo gestiona eficazmente. Piensa que el mejor tiempo es el que dedica a las personas.
3.- Sabe convencer (Persuadir). Se apoya en un convencimiento propio. Trata de influir en los demás de manera positiva.
4.- Trabaja en equipo.
5.- Escucha a sus colaboradores. Conoce las necesidades de la gente.
6.- Sabe relacionarse.
7.- Se adapta a su entorno.
8.- Es sensible. Con equilibrio emocional: MENTE Y CORAZÓN.

miércoles 16 de septiembre de 2009

ASALTO AL CEREBRO


No teman ustedes, no vamos a asaltar el “statu quo” de nadie, tan solo vamos a intentar despertar el entusiasmo en algunos adormecidos cerebros. El exceso de racionalismo, acartona los pensamientos creativos que pueden surgir en el seno de una organización.
El miedo se apodera de nosotros ante la posibilidad de dejar brotar libremente todo tipo de “IDEAS” de nuestra gran fábrica de ilusiones. Nuestro cuerpo pierde elasticidad, y agarrotado hasta la médula, anula la posibilidad de un pensamiento creativo.
No estamos acostumbrados a preguntarnos libremente sobre cualquier asunto, con el fin de encontrar posibles soluciones a los problemas y situaciones que se nos plantean. La cultura de “la acomodación”, que lamentablemente está asentada en muchas empresas (en todos los niveles jerárquicos de las mismas), impide que puedan aflorar nuevas visiones que redunden en una mejor organización del trabajo, y con ello en una optimización de la empresa.
Esa gran máquina, que es nuestro cerebro, está formada por dos hemisferios. Por lo visto el hemisferio izquierdo es analítico y el hemisferio derecho intuitivo. Nos empeñamos en crear estructuras rígidas, dogmáticas, en las empresas. Los departamentos de Recursos Humanos, quieren controlar a todo el personal, como si de máquinas se tratara.
Para ser competitivos, nos dicen los gurús empresariales, hay que ser flexibles, adaptables a los cambios continuos, a la ambigüedad emergente. Y yo me pregunto ¿Qué es ser flexible? ¿Aporta flexibilidad el pensamiento analítico? Las empresas competitivas, con visión de futuro, están formadas por equipos directivos que asaltan con asiduidad sus cerebritos y además atacan con naturalidad y buena intención los cerebritos de todos los miembros de la organización.
Ideas, muchas ideas, es lo que necesitamos, en estos tiempos de apertura de mercados, de competencia feroz, de globalización económica. Dejemos a un lado, los prejuicios y los complejos directivos, y superando el síndrome del “directivo analítico” abramos ventanas a todo tipo de propuestas, de ideas creativas, que puedan aumentar el entusiasmo organizacional, incrementando la competitividad corporativa.
Como bien sabemos, el inicio de grandes empresas fue una idea; también observamos que lo que sirvió en un determinado momento, no aporta flexibilidad en la actualidad. El liderazgo democrático, genera una cultura organizacional basada en la colaboración, en la comunicación fluida y transparente que posibilita la afloración de muchas propuestas constructivas en beneficio de todos.
Por mucho que nos empecinemos en mantener estructuras rígidas en las empresas, están siendo los propios mercados (Dinámicos, cambiantes y muy flexibles), los que están poniendo en su sitio, a muchas empresas que en su día fueron competitivas.

martes 1 de septiembre de 2009

INFRAESTRUCTURA MENTAL


Nada mejor que una mente bien amueblada para dirigir una empresa. Una mente generadora de pensamientos constructivos, deseosos de verse plasmados en realidades productivas.
Un directivo que quiera avanzar hacia el concepto de excelencia profesional, no debería, desde mi punto de vista, amueblar su vivienda profesional, sólo con cifras a corto plazo; ni dejarse atrapar por la inmediatez de lo urgente.
Aquellas empresas que están dirigidas por excelentes profesionales, no sólo evolucionan bien sino que benefician al conjunto de la sociedad. Estos profesionales, inquietos y preocupados por la empresa que dirigen, no dejan vacío el compartimento social.
No es necesario tener una mente prodigiosa para ser un excelente profesional; igual que no se requiere una vivienda de lujo para ser feliz. Cualquier profesional puede sentirse desarrollado y aportar un cien por cien de su rendimiento. La intencionalidad de querer mejorar, es para mí, un requisito esencial para llegar a ser un buen profesional.
Una mente sana y equilibrada sabe lo importante que son los sentimientos para incrementar la competitividad. La inteligencia emocional, tan de moda últimamente, en el ámbito empresarial, no es otra cosa que gestionar inteligentemente las distintas emociones que sentimos los seres humanos; y sobre todo aprender a gestionar las emociones negativas: miedo, odio, rencor.
Muchas empresas, que poseen grandes infraestructuras, desaparecerán ante la inevitable competitividad, ya que no valoran suficientemente las INFRAESTRUCTURAS MENTALES de quienes las componen, para afrontar las exigencias de los mercados.
¡Imagínense lo importante que es amueblar emocionalmente los distintos departamentos de una empresa! Cuantas más mentes estén impregnadas de una cultura empresarial cuyo principio sea la excelencia organizacional, más sólida será la infraestructura organizativa; y de mayor resistencia estará dotada la empresa para hacer frente con éxito a los inevitables y peligrosos movimientos sísmicos que producen los mercados.
Siendo, todo lo anteriormente expuesto, en este breve y sencillo artículo, de sentido común, ¿por qué nos empecinamos en seguir amueblando lujosamente los despachos de aquellos directivos que no quieren mejorar la infraestructura mental de la empresa? Posiblemente, al igual que ocurre con los decorados cinematográficos, seamos más felices y nos sintamos más seguros autosugestionándonos con imágenes de ficción.
Lamentablemente se infravaloran a muchas mentes creativas que tantos beneficios pueden generar si se les tuviera en consideración sus propuestas edificadoras, eficaces y rentables para todos.

sábado 11 de julio de 2009

¡ACCIÓN!




Sí señor, actuar más, es lo que necesitamos. Se han puesto de moda, las charlas y conferencias sobre management, sobre liderazgo, etc., demasiadas lecciones (teóricas) para saber como mejorar las empresas y pocos hechos prácticos in situ.
Sabemos mucho, sobre cómo podemos mejorar el rendimiento organizacional; son muchos los estudios e investigaciones realizados en distintos países, y empresas. Y son estos datos los que nos ponen como ejemplo, los gurús de la organización.
La inteligencia, natural y espontanea, ante lecciones magistrales sobre excelencia empresarial, brota de la boca de un "pequeño empresario", y pregunta: ¿Cómo se hace, en el día a día? Y por mucho que se empeñe el conferenciante, deben entrar en escena otros profesionales; que al igual que el pequeño y mediano empresario, sufren la aventura emprendedora.
El empresario, muy interesado en la mejora de su empresa, asiste y presta mucha atención, a cada palabra del experto. Cada paso, cada escena la ha retenido con todo detalle, ya se imagina liderando una excelente empresa; pero la inteligencia y la intuición que suelen tener quienes se arriesgan a emprender, le hace reaccionar y vuelve a preguntar: ¿Cómo se hace, en el día a día?
Empieza a enfadarse, el "señor conferenciante" ante tan insistente pregunta inoportuna. Parece mentira – se dice a sí mismo – que con tantas conferencias a la espalda, hablando de lo mismo, venga un "pequeño empresario", a romper la excelente presentación y mi extraordinaria oratoria, medida a la perfección, que les estoy ofreciendo.
La palabra gurú, en nuestra mentalidad occidental, la relacionamos con brujería y temas parecidos. Pero si se trata de un gurú de los negocios, lo vemos mejor, nos convence poder conseguir el liderazgo que tanto ansiamos. ¿Qué capacidad tenemos los seres humanos para reinventarnos conceptos, y vender ilusión?
El "pequeño empresario", al que no es fácil meterle el dedo en la boca, está a punto de cambiar el curso de la escena. Todo ha ido como estaba previsto, como indica el guión que el señor conferenciante se aprendió. El "pequeño" vuelve a preguntar: ¿Cómo se hace, en el día a día? Acaba de romper, con su simple, pero muy inteligente pregunta, todo el entramado y parafernalia del "señor conferenciante".
-¡Trabajando!, ¡Trabajando!, ¡cómo quiere que resuelva el problema de su empresa!- expresa, perdiendo los papeles, el "señor conferenciante". ¿Quiere usted que me ponga el mono, y le ayude en la mejora de su empresa? – pregunta el "señor conferenciante". Ya le he comentado que puede comprar mi libro, que le será de gran ayuda.
Esta escena, que les acabo de relatar está basada en hechos reales, que acaecieron en nuestra provincia. Quizás estemos deseosos, de que venga un lumbreras y nos ilumine para saber qué hacer, para mantener y sostener lo que a fuerza de trabajo, hemos conseguido en nuestra tierra.
Deberíamos valorar, el servicio que día a día, nos prestan muchos "pequeños profesionales"; acostumbrados a la aventura, a pie de centro de trabajo. Los problemas se resuelven trabajando con mucha ilusión y constancia; y con el deseo de resolverlos cara a cara en la cercanía de los hechos.